miércoles, 23 de diciembre de 2009

¡Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad!



Definitivamente este no es día para continuar con un blog un tanto macabro, aunque tristemente real; es día de celebrar y desear solo cosas buenas para la gente que queremos.

Aunque sabemos que Jesús Cristo no nació el día 25 de Diciembre y que el emperador romano Constantino (quien adoraba al Sol Invicto romano y por eso unificó el día de su homenaje con el nacimiento de Jesús para que le fuera más fácil celebrar todo junto) en un concilio al cual convocó a todos los obispos cristianos, fue quien decidió la fecha, continuamos con esa tradición por tantos años que ¿a quién importa ya? En los hogares donde la fe en Jesús pervive, mañana celebraremos su mágica llegada al mundo para más tarde morir crucificado y salvarnos a todos de nuestros pecados.

Santa Claus nace a partir de una leyenda del siglo IV sobre un obispo de Licia en Anatolia(actualmente Turquía) que ayudaba a los pobres. Cuenta la leyenda que Nicolás quedó huérfano siendo pequeño y heredó una gran fortuna, la cual repartió entre los más enfermos y desamparados; a los 19 años, se convirtió en sacerdote. Con el tiempo, llegó a ser obispo siempre caracterizándose por su gran bondad, generosidad y preocupación por los pobres y desprotegidos. Se dice que ayudó a tres niñas sin dote a lograr buenos matrimonios y evitar una vida de prostitución, entrando de noche por la ventana de estas y colocando bolsas de oro en los calcetines que se secaban frente a la chimenea. Al morir, fue canonizado por sus buenas acciones.

Holanda se convirtió en uno de los países con mayor admiración por San Nicolás. Alrededor del año 1624, los inmigrantes holandeses que fundaron Nueva Ámsterdam(ahora Nueva York), trajeron consigo una imagen del santo y la costumbre de celebrar su día el 6 de diciembre.

En el año 1809 Washington Irving, escritor de origen estadounidense, publicó el libro Historia de Nueva York (A History of New York), donde nombró a Santa Claus como "guardián de Nueva York", incrementando su popularidad entre los demás inmigrantes.

Luego, en 1822, un pastor episcopal de nombre Clement C. Moore escribió un poema navideño al que llamó "Una Visita de San Nicolás" el cual, tras ser publicado, convirtió a Santa Claus en un ícono de la cultura estadounidense. Moore contribuyó a la idea de Santa Claus viajando alrededor del mundo en un trineo volador dirigido por ocho renos, para repartir regalos en los hogares.

En el año 1881, el humorista político Thomas Nast, se inspiró en el poema de Moore y dibujó la primera caricatura del Santa Claus que conocemos hoy en día pues añadió los detalles del borde blanco al traje rojo, el saco repleto de juguetes, el taller del Polo Norte y a sus ayudantes, los duendes.

Los últimos años del siglo XIX fueron determinantes en la consolidación de la figura de Santa Claus, pues dejó de ser asociado con una religión o nacionalidad específica, convirtiéndose así en patrón de todos los niños no solo en los Estados Unidos, sino en Latinoamérica y en muchos otros países alrededor del mundo.

En definitiva sea cual sea su nombre -San Nicolás o Santa Claus, Papá Noel o el Viejo Pascuero-, lo cierto es que este personaje nos permite a todos celebrar estas fiestas sin importar a que religión pertenezcamos. Santa representa la bondad y la generosidad y de cierta manera, nos invita a compartir y dar amor a los demás en esta temporada -sobre todo a los niños y desamparados-, algo que no debe quedarse en la leyenda sino ser parte de la realidad.

De modo que sin importar por cual razón, celebremos estas fiestas en paz y armonía con nuestros seres queridos al igual que con todos los seres vivos del planeta.

¡Feliz Navidad para todos!

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